sábado, 11 de diciembre de 2010

Tapioca..

Niño extasiado del Royal Caribbean dice: ¡A mi me gusta Mickey! Sus padres fingen una sonrisa y posan para la cámara detrás de él (odian al avaro de tres dedos)... Una voz insita a que ¡Llame ya! El locutor, un latino sobreexplotado en Miami. El barco se ve cómodo, dentro tiene peces endeudados. Los números en la pantalla son amarillos y brillantes, obligan a ¡Llamar ya! El tiempo no avanza. Provoca mareos ver tantas sonrisas en el Atlántico. La cartera empieza a palpitar en el muslo, -sácame de aquí- grita MasterCard… El control no cede. Pilas mordidas y gastadas. No cierran los parpados. Mujeres en bikinis cariocas y gringos obesos (gancho clásico de televisión), indica que conseguir esas esculturas es sencillo, sin rastros de competencia alguna. Canas en el pecho, tostadas por el sol. Bebidas con sombrillitas. La cartera muerde el músculo. El reloj estático. El universo pide vacaciones. Mickey Mouse sonríe con tres dedos. Palmeras. Amarillo. Olas. Cartera. El teléfono cada vez más cerca de la mano. Música que acelera la cadera. MasterCard suplica. Frente sudando por el sol de la tv. Manos vibrantes. Muslos carcomidos. ¡A mi me gusta Mickey! ¡Llame ya! Pagos cómodos y mensuales (como las modelos del barco). Teléfono acechante y blanco. El volumen se incrementa. La tv palpita. La cartera palpita. Mickey palpita. Todo menos el corazón palpita. El comercial termina. Nuevas vacaciones. El teléfono fuma un cigarro. MasterCard suspira después del acto. Se suda. Deudas. Mickey ahora tiene dos dedos. La tv se enciende de repente. Lagrimas de estupidez. Se cuaja la tapioca. Trago de cerveza amarga. Tv vomita el piso. Vacaciones. ¡A todos les gusta Mickey! Calambres. Silbido de angustia. Otro comercial. Deudas. MasterCard quiere más. Viaje a la cocina. Sofá de nuevo. Seguro fuera. Disparo 1. Disparo 2. Deudas. Sangre empotrada en la pared. La tv llora, vomita. El teléfono vomita. Todo se llena de vómitos. MasterCard se persigna. Una mujer grita. Mickey Mouse sonríe…



Saavedra

1 comentario:

A.A. el Ciervo dijo...

Hay que ver con qué fuerza escribes! Una serpiente viva se arremolina entre tus letras y no para de convulsionar. Esto sí es literatura. No he visto a alguien mejor últimamente en el estado.
Te advierto que mi blog no es literario, pero si quieres ver mi obra nada más deja un silbidito.