-Mi amor, ¿Es normal que la niñera escupa sangre en mis zapatos?
-Solo procura que no ensucie la alfombra.
-Entonces todo esta bien cariño.
20 minutos después…...
-Pero por favor dile que limpie el piso al terminar.
-No puede hacerlo cariño, aun la tengo amarrada y el sonido del taladro la puso nerviosa. Creo que se desmayó.
-Siempre haces lo mismo querido. Que te dije sobre tratar bien a los invitados, deja el taladro para ocasiones especiales, siempre ensucias todo el sótano. Solo por esta vez te lo perdono corazón, no lo repitas por favor.
-Pero mi vida, nunca dejas que me divierta. Sabes que el sonido de mi taladro relaja mis oídos, pone en paz mi alma, me hace pensar en ti.
-Eres un romántico querido. No se que haría sin ti. Hazme tuya.
-Espera amada mía. Creo que esta despertando.
-Pero por favor no tardes mucho. No me gusta que se me evaporen tus halagos.
-Descuida cariño. Cosa de quince minutos.
-Recuerda: No manchar la alfombra…
-Veamos; martillo, pinzas, Sinatra, taladro, vaselina, plastilina, alambre… Que más podré hacerte querida niñera…
-¡Por favor señor! Se lo ruego, no me haga esto. Solo quería ganar un poco de dinero, para ayudar en mi casa. Para mi bebe, se lo suplico. Estoy esperando un bebe. ¡Voy a ser mamá, tenga piedad!
-Joven niñera, eso lo hubiera usted mencionado desde un principio. Desde que la llamé a la entrevista. Disculpe mi poca caballerosidad. Permítame desatarla enseguida.
-Gracias señor, muchísimas gracias. Prometo no denunciarlo, no diré nada. Solo déjeme ir. Permítame disfrutar del milagro de ser madre…
-Disculpe jovencita de sabor dulce, me apena mucho haberla tratado de este modo. Si hubiese mencionado a la criatura no la hubiese hecho pasar por esta escena bochornosa. Que modales los míos, ahora ya no podrá amamantar nunca mas a esa criatura, de verdad, créame, no lo hubiera hecho de haber sabido. Mea culpa, mea culpa.
-Dios mío, mi cuerpo. ¿Que le ha hecho? Mi rostro, mi bebe, mi pobre bebe…
-Descuide el estará bien, quizá usted no tanto, pero el esta perfecto se lo juro, soy un Medico de prestigio, se lo que hago; Quince años en Cambridge. Ahora subamos a la sala. Mi esposa, a juzgar por la hora, debe de estar preparando su exquisito té de ajenjo. Una delicia madame.
-Solo quiero irme señor, por favor, déjeme ir.
-Señorita, que modales los suyos. La cortesía ante todo, recuerde. Acabo de dejarla libre y usted no acepta una simple taza de té. Acaso su condición de madre la hace mejor que esta solitaria pareja de nobles almas. Subamos, usted primero, no quisiera ser descortés.
-Esta bien, lo que usted diga señor. Solo déjeme salir de aquí. Subiré las escaleras, mire, no hay ningún problema…
-Pero antes señorita, veamos ese bebe.
-¿Como dice?
-Como le comente, somos una pareja solitaria, un hijo sería una bendición en estos momentos.
-Suélteme. Señor suélteme, ¿Qué hace? ¡Auxilio, por favor!
-Cuchillo, cuchillo. ¿Dónde esta? ¡Cariño, tomaste a William!
-Si mi vida, disculpa olvide decírtelo, enseguida te lo llevo. Aquí tienes, esos huesos que me diste son muy duros de trozar.
-Nada mejor para esa tarea que William, cortó muchas gargantas durante la guerra.
-Lo se cariño. Oye, ¿Por qué amordazaste a la niñera?
-Mi cielo, te tengo una gran sorpresa…
-¿Sus ojos vidriosos?
-No, mejor aún. Recuerdas que siempre hemos querido un niño.
-¡Si!
-Mira. Espera…………Aquí está.
-Mi vida, es hermoso. Mira como se retuerce. Eres el mejor esposo del maldito mundo. Hazme tuya…
-¿Aquí? ¿Frente a nuestro hijo? Eso es un poco extraño ¿No crees?
-Si, si. No importa.
-Esta bien. Aunque habrá que conseguirle, mañana mismo, una niñera…
A Jess Rocha
sábado, 11 de diciembre de 2010
Vacas yVagabundos
Cinco vagabundos.
Como viles duendecillos irlandeses
cinco vagabundos danzaban ilustres.
Creando volteretas dulces, inocentes
carcajadas violentas; demasiado inigualables.
Cantaron veinte días inimaginables
curando variedades de inocentes
comiendo violetas, duraznos islandeses;
cansados, veloces durmieron inmediatamente.
Corrieron, vagaron descalzos. Inexplicablemente
contentos. Vieron dragones, iguanas
cariñosas, voladoras, dignamente inspiradoras.
Caminaron viendo donde inventarían
ciudades vacías, desechando inútiles
cobardes venenosos. Dedicando imaginaciones
cuando vinieran divertidos inquilinos.
Compusieron varias despedidas infinitas
cinco vagabundos danzantes, ilusionados
como viles duendecillos irlandeses.
Vacas.
Tengo entonces a dos diminutas vacas comiendo cerilla en las afueras de mi oreja. Y comen y cagan, dándose después vuelta para comer lo que defecaron y cagando lo que comieron. Así, en un círculo infinito de heces y cerillas.
En el interior de un poro en mi nariz, un niño acaba de despertar porque vio entrar al Sol gritando por el hemisferio derecho. Los pelos ahí dentro le hicieron sentir el mismo ánimo que experimenta una hormiga al ver al astro aparecer imponente por entre las hojas altas de un árbol de la selva.
El niño entonces bosteza, se limpia las lagañas y se pica la nariz; matando al niño que dormía ahí dentro. Pobrecillo desafortunado. Estornuda e introduce su dedo meñique en el poro de su oreja triturando a dos pequeñas vacas ingenuas e infinitas.
Todos estos acontecimientos provocan una comezón gigante en mí. Me sueno la nariz con fuerza y servilletas rasposas, es aquí en donde mato inmediatamente a un niño que a su vez mató a otro más pequeño, en un círculo infinito de narices y niños dormilones. Soy un asesino. Aunque me queden sucias las orejas, dejaré comer a las vacas…
Como viles duendecillos irlandeses
cinco vagabundos danzaban ilustres.
Creando volteretas dulces, inocentes
carcajadas violentas; demasiado inigualables.
Cantaron veinte días inimaginables
curando variedades de inocentes
comiendo violetas, duraznos islandeses;
cansados, veloces durmieron inmediatamente.
Corrieron, vagaron descalzos. Inexplicablemente
contentos. Vieron dragones, iguanas
cariñosas, voladoras, dignamente inspiradoras.
Caminaron viendo donde inventarían
ciudades vacías, desechando inútiles
cobardes venenosos. Dedicando imaginaciones
cuando vinieran divertidos inquilinos.
Compusieron varias despedidas infinitas
cinco vagabundos danzantes, ilusionados
como viles duendecillos irlandeses.
Vacas.
Tengo entonces a dos diminutas vacas comiendo cerilla en las afueras de mi oreja. Y comen y cagan, dándose después vuelta para comer lo que defecaron y cagando lo que comieron. Así, en un círculo infinito de heces y cerillas.
En el interior de un poro en mi nariz, un niño acaba de despertar porque vio entrar al Sol gritando por el hemisferio derecho. Los pelos ahí dentro le hicieron sentir el mismo ánimo que experimenta una hormiga al ver al astro aparecer imponente por entre las hojas altas de un árbol de la selva.
El niño entonces bosteza, se limpia las lagañas y se pica la nariz; matando al niño que dormía ahí dentro. Pobrecillo desafortunado. Estornuda e introduce su dedo meñique en el poro de su oreja triturando a dos pequeñas vacas ingenuas e infinitas.
Todos estos acontecimientos provocan una comezón gigante en mí. Me sueno la nariz con fuerza y servilletas rasposas, es aquí en donde mato inmediatamente a un niño que a su vez mató a otro más pequeño, en un círculo infinito de narices y niños dormilones. Soy un asesino. Aunque me queden sucias las orejas, dejaré comer a las vacas…
Tapioca..
Niño extasiado del Royal Caribbean dice: ¡A mi me gusta Mickey! Sus padres fingen una sonrisa y posan para la cámara detrás de él (odian al avaro de tres dedos)... Una voz insita a que ¡Llame ya! El locutor, un latino sobreexplotado en Miami. El barco se ve cómodo, dentro tiene peces endeudados. Los números en la pantalla son amarillos y brillantes, obligan a ¡Llamar ya! El tiempo no avanza. Provoca mareos ver tantas sonrisas en el Atlántico. La cartera empieza a palpitar en el muslo, -sácame de aquí- grita MasterCard… El control no cede. Pilas mordidas y gastadas. No cierran los parpados. Mujeres en bikinis cariocas y gringos obesos (gancho clásico de televisión), indica que conseguir esas esculturas es sencillo, sin rastros de competencia alguna. Canas en el pecho, tostadas por el sol. Bebidas con sombrillitas. La cartera muerde el músculo. El reloj estático. El universo pide vacaciones. Mickey Mouse sonríe con tres dedos. Palmeras. Amarillo. Olas. Cartera. El teléfono cada vez más cerca de la mano. Música que acelera la cadera. MasterCard suplica. Frente sudando por el sol de la tv. Manos vibrantes. Muslos carcomidos. ¡A mi me gusta Mickey! ¡Llame ya! Pagos cómodos y mensuales (como las modelos del barco). Teléfono acechante y blanco. El volumen se incrementa. La tv palpita. La cartera palpita. Mickey palpita. Todo menos el corazón palpita. El comercial termina. Nuevas vacaciones. El teléfono fuma un cigarro. MasterCard suspira después del acto. Se suda. Deudas. Mickey ahora tiene dos dedos. La tv se enciende de repente. Lagrimas de estupidez. Se cuaja la tapioca. Trago de cerveza amarga. Tv vomita el piso. Vacaciones. ¡A todos les gusta Mickey! Calambres. Silbido de angustia. Otro comercial. Deudas. MasterCard quiere más. Viaje a la cocina. Sofá de nuevo. Seguro fuera. Disparo 1. Disparo 2. Deudas. Sangre empotrada en la pared. La tv llora, vomita. El teléfono vomita. Todo se llena de vómitos. MasterCard se persigna. Una mujer grita. Mickey Mouse sonríe…
Saavedra
Saavedra
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