-Mi amor, ¿Es normal que la niñera escupa sangre en mis zapatos?
-Solo procura que no ensucie la alfombra.
-Entonces todo esta bien cariño.
20 minutos después…...
-Pero por favor dile que limpie el piso al terminar.
-No puede hacerlo cariño, aun la tengo amarrada y el sonido del taladro la puso nerviosa. Creo que se desmayó.
-Siempre haces lo mismo querido. Que te dije sobre tratar bien a los invitados, deja el taladro para ocasiones especiales, siempre ensucias todo el sótano. Solo por esta vez te lo perdono corazón, no lo repitas por favor.
-Pero mi vida, nunca dejas que me divierta. Sabes que el sonido de mi taladro relaja mis oídos, pone en paz mi alma, me hace pensar en ti.
-Eres un romántico querido. No se que haría sin ti. Hazme tuya.
-Espera amada mía. Creo que esta despertando.
-Pero por favor no tardes mucho. No me gusta que se me evaporen tus halagos.
-Descuida cariño. Cosa de quince minutos.
-Recuerda: No manchar la alfombra…
-Veamos; martillo, pinzas, Sinatra, taladro, vaselina, plastilina, alambre… Que más podré hacerte querida niñera…
-¡Por favor señor! Se lo ruego, no me haga esto. Solo quería ganar un poco de dinero, para ayudar en mi casa. Para mi bebe, se lo suplico. Estoy esperando un bebe. ¡Voy a ser mamá, tenga piedad!
-Joven niñera, eso lo hubiera usted mencionado desde un principio. Desde que la llamé a la entrevista. Disculpe mi poca caballerosidad. Permítame desatarla enseguida.
-Gracias señor, muchísimas gracias. Prometo no denunciarlo, no diré nada. Solo déjeme ir. Permítame disfrutar del milagro de ser madre…
-Disculpe jovencita de sabor dulce, me apena mucho haberla tratado de este modo. Si hubiese mencionado a la criatura no la hubiese hecho pasar por esta escena bochornosa. Que modales los míos, ahora ya no podrá amamantar nunca mas a esa criatura, de verdad, créame, no lo hubiera hecho de haber sabido. Mea culpa, mea culpa.
-Dios mío, mi cuerpo. ¿Que le ha hecho? Mi rostro, mi bebe, mi pobre bebe…
-Descuide el estará bien, quizá usted no tanto, pero el esta perfecto se lo juro, soy un Medico de prestigio, se lo que hago; Quince años en Cambridge. Ahora subamos a la sala. Mi esposa, a juzgar por la hora, debe de estar preparando su exquisito té de ajenjo. Una delicia madame.
-Solo quiero irme señor, por favor, déjeme ir.
-Señorita, que modales los suyos. La cortesía ante todo, recuerde. Acabo de dejarla libre y usted no acepta una simple taza de té. Acaso su condición de madre la hace mejor que esta solitaria pareja de nobles almas. Subamos, usted primero, no quisiera ser descortés.
-Esta bien, lo que usted diga señor. Solo déjeme salir de aquí. Subiré las escaleras, mire, no hay ningún problema…
-Pero antes señorita, veamos ese bebe.
-¿Como dice?
-Como le comente, somos una pareja solitaria, un hijo sería una bendición en estos momentos.
-Suélteme. Señor suélteme, ¿Qué hace? ¡Auxilio, por favor!
-Cuchillo, cuchillo. ¿Dónde esta? ¡Cariño, tomaste a William!
-Si mi vida, disculpa olvide decírtelo, enseguida te lo llevo. Aquí tienes, esos huesos que me diste son muy duros de trozar.
-Nada mejor para esa tarea que William, cortó muchas gargantas durante la guerra.
-Lo se cariño. Oye, ¿Por qué amordazaste a la niñera?
-Mi cielo, te tengo una gran sorpresa…
-¿Sus ojos vidriosos?
-No, mejor aún. Recuerdas que siempre hemos querido un niño.
-¡Si!
-Mira. Espera…………Aquí está.
-Mi vida, es hermoso. Mira como se retuerce. Eres el mejor esposo del maldito mundo. Hazme tuya…
-¿Aquí? ¿Frente a nuestro hijo? Eso es un poco extraño ¿No crees?
-Si, si. No importa.
-Esta bien. Aunque habrá que conseguirle, mañana mismo, una niñera…
A Jess Rocha
sábado, 11 de diciembre de 2010
Vacas yVagabundos
Cinco vagabundos.
Como viles duendecillos irlandeses
cinco vagabundos danzaban ilustres.
Creando volteretas dulces, inocentes
carcajadas violentas; demasiado inigualables.
Cantaron veinte días inimaginables
curando variedades de inocentes
comiendo violetas, duraznos islandeses;
cansados, veloces durmieron inmediatamente.
Corrieron, vagaron descalzos. Inexplicablemente
contentos. Vieron dragones, iguanas
cariñosas, voladoras, dignamente inspiradoras.
Caminaron viendo donde inventarían
ciudades vacías, desechando inútiles
cobardes venenosos. Dedicando imaginaciones
cuando vinieran divertidos inquilinos.
Compusieron varias despedidas infinitas
cinco vagabundos danzantes, ilusionados
como viles duendecillos irlandeses.
Vacas.
Tengo entonces a dos diminutas vacas comiendo cerilla en las afueras de mi oreja. Y comen y cagan, dándose después vuelta para comer lo que defecaron y cagando lo que comieron. Así, en un círculo infinito de heces y cerillas.
En el interior de un poro en mi nariz, un niño acaba de despertar porque vio entrar al Sol gritando por el hemisferio derecho. Los pelos ahí dentro le hicieron sentir el mismo ánimo que experimenta una hormiga al ver al astro aparecer imponente por entre las hojas altas de un árbol de la selva.
El niño entonces bosteza, se limpia las lagañas y se pica la nariz; matando al niño que dormía ahí dentro. Pobrecillo desafortunado. Estornuda e introduce su dedo meñique en el poro de su oreja triturando a dos pequeñas vacas ingenuas e infinitas.
Todos estos acontecimientos provocan una comezón gigante en mí. Me sueno la nariz con fuerza y servilletas rasposas, es aquí en donde mato inmediatamente a un niño que a su vez mató a otro más pequeño, en un círculo infinito de narices y niños dormilones. Soy un asesino. Aunque me queden sucias las orejas, dejaré comer a las vacas…
Como viles duendecillos irlandeses
cinco vagabundos danzaban ilustres.
Creando volteretas dulces, inocentes
carcajadas violentas; demasiado inigualables.
Cantaron veinte días inimaginables
curando variedades de inocentes
comiendo violetas, duraznos islandeses;
cansados, veloces durmieron inmediatamente.
Corrieron, vagaron descalzos. Inexplicablemente
contentos. Vieron dragones, iguanas
cariñosas, voladoras, dignamente inspiradoras.
Caminaron viendo donde inventarían
ciudades vacías, desechando inútiles
cobardes venenosos. Dedicando imaginaciones
cuando vinieran divertidos inquilinos.
Compusieron varias despedidas infinitas
cinco vagabundos danzantes, ilusionados
como viles duendecillos irlandeses.
Vacas.
Tengo entonces a dos diminutas vacas comiendo cerilla en las afueras de mi oreja. Y comen y cagan, dándose después vuelta para comer lo que defecaron y cagando lo que comieron. Así, en un círculo infinito de heces y cerillas.
En el interior de un poro en mi nariz, un niño acaba de despertar porque vio entrar al Sol gritando por el hemisferio derecho. Los pelos ahí dentro le hicieron sentir el mismo ánimo que experimenta una hormiga al ver al astro aparecer imponente por entre las hojas altas de un árbol de la selva.
El niño entonces bosteza, se limpia las lagañas y se pica la nariz; matando al niño que dormía ahí dentro. Pobrecillo desafortunado. Estornuda e introduce su dedo meñique en el poro de su oreja triturando a dos pequeñas vacas ingenuas e infinitas.
Todos estos acontecimientos provocan una comezón gigante en mí. Me sueno la nariz con fuerza y servilletas rasposas, es aquí en donde mato inmediatamente a un niño que a su vez mató a otro más pequeño, en un círculo infinito de narices y niños dormilones. Soy un asesino. Aunque me queden sucias las orejas, dejaré comer a las vacas…
Tapioca..
Niño extasiado del Royal Caribbean dice: ¡A mi me gusta Mickey! Sus padres fingen una sonrisa y posan para la cámara detrás de él (odian al avaro de tres dedos)... Una voz insita a que ¡Llame ya! El locutor, un latino sobreexplotado en Miami. El barco se ve cómodo, dentro tiene peces endeudados. Los números en la pantalla son amarillos y brillantes, obligan a ¡Llamar ya! El tiempo no avanza. Provoca mareos ver tantas sonrisas en el Atlántico. La cartera empieza a palpitar en el muslo, -sácame de aquí- grita MasterCard… El control no cede. Pilas mordidas y gastadas. No cierran los parpados. Mujeres en bikinis cariocas y gringos obesos (gancho clásico de televisión), indica que conseguir esas esculturas es sencillo, sin rastros de competencia alguna. Canas en el pecho, tostadas por el sol. Bebidas con sombrillitas. La cartera muerde el músculo. El reloj estático. El universo pide vacaciones. Mickey Mouse sonríe con tres dedos. Palmeras. Amarillo. Olas. Cartera. El teléfono cada vez más cerca de la mano. Música que acelera la cadera. MasterCard suplica. Frente sudando por el sol de la tv. Manos vibrantes. Muslos carcomidos. ¡A mi me gusta Mickey! ¡Llame ya! Pagos cómodos y mensuales (como las modelos del barco). Teléfono acechante y blanco. El volumen se incrementa. La tv palpita. La cartera palpita. Mickey palpita. Todo menos el corazón palpita. El comercial termina. Nuevas vacaciones. El teléfono fuma un cigarro. MasterCard suspira después del acto. Se suda. Deudas. Mickey ahora tiene dos dedos. La tv se enciende de repente. Lagrimas de estupidez. Se cuaja la tapioca. Trago de cerveza amarga. Tv vomita el piso. Vacaciones. ¡A todos les gusta Mickey! Calambres. Silbido de angustia. Otro comercial. Deudas. MasterCard quiere más. Viaje a la cocina. Sofá de nuevo. Seguro fuera. Disparo 1. Disparo 2. Deudas. Sangre empotrada en la pared. La tv llora, vomita. El teléfono vomita. Todo se llena de vómitos. MasterCard se persigna. Una mujer grita. Mickey Mouse sonríe…
Saavedra
Saavedra
domingo, 30 de mayo de 2010
¿Que dijo Johnson?
El abuelo Johnson siempre nos decía:
No serán hombres hasta después de haber perdido una guerra.
Y luego se sentaba a escuchar tangos en el megáfono a la orilla del pórtico. No se paraba de allí hasta que a Gardel se le secaba la garganta. Esa era su frase del desayuno, siempre se encargaba de decírnosla. El amaba Argentina, decía que la conocía, pero era tan argentino como su apellido. Nosotros siempre esperábamos a que se quedara dormido para mirarle la barba fijamente, era una barba grande, le rozaba el pecho y era tan blanca como la nieve del Norte. Nunca le podíamos ver a los ojos, era una falta de respeto. El dormía.
-¡A comer!- decía mi abuela y el abría de golpe los ojos, como si estuviera de nuevo en la guerra. Triste y enojado terminaba su comida y regresaba al pórtico, a darle cuerda a Gardel.
El caso es que ayer murió el abuelo Johnson, de luto el pueblo entero, el era el único que había visto una guerra, y además, infundía tanto miedo y respeto que llorarle era cosa de obligación, como si del cielo nos estuviera viendo a todos llorar y se enojase con quien no lo hiciera. Pero el esta en el Infierno eso yo lo se, eso lo sabemos todos, aunque ahí que disimular para que el cadáver no se enoje.
Todos llegaron en sus carrozas a la casa, el granero esta a tope de caballos, -todos grises y cafés-, aquí no hay mas colores que esos. Yo ya tengo una imagen muy distinta de todo esto, hace años que salí de aquí y se ve tan idéntico a aquellos tiempos que prefiero imaginarme otra cosa. Aquí no ha pasado el tiempo.
La abuela aun llora, mi madre aun llora, mis tías también. El pueblo disimula, pero también llora. El cadáver sonríe, esta tan feliz de dejar este pueblo que lo último que les regaló para que lo odiaran mas, fue una sonrisa de burla que no se les olvidara ya nunca.
Ahora estoy ya casi igual de viejo que él, tengo a mis hijos y les digo que el abuelo Johnson duerme, me gusta mentirles cuando hablo del viejo. Los distraigo diciéndoles que les pongan nombre a los caballos del granero, son tan secos y lentos mis hijos que solo se les ocurre ponerle Puppy a cualquier caballo que señalan,si por ellos fuera todo se llamaría Puppy, si Johnson si los viera de seguro me daría un buen golpe con el sombrero, el detestaba a la gente sin personalidad y mis hijos son un claro ejemplo de lo que eso significa. Por eso el abuelo Jhonson siempre me decia:
Primero ten algunos hijos y ya despues ve si quieres ser su padre
El abuelo Johnson siempre nos decía:
No serán hombres hasta después de haber perdido una guerra.
Y luego se sentaba a escuchar tangos en el megáfono a la orilla del pórtico. No se paraba de allí hasta que a Gardel se le secaba la garganta. Esa era su frase del desayuno, siempre se encargaba de decírnosla. El amaba Argentina, decía que la conocía, pero era tan argentino como su apellido. Nosotros siempre esperábamos a que se quedara dormido para mirarle la barba fijamente, era una barba grande, le rozaba el pecho y era tan blanca como la nieve del Norte. Nunca le podíamos ver a los ojos, era una falta de respeto. El dormía.
-¡A comer!- decía mi abuela y el abría de golpe los ojos, como si estuviera de nuevo en la guerra. Triste y enojado terminaba su comida y regresaba al pórtico, a darle cuerda a Gardel.
El caso es que ayer murió el abuelo Johnson, de luto el pueblo entero, el era el único que había visto una guerra, y además, infundía tanto miedo y respeto que llorarle era cosa de obligación, como si del cielo nos estuviera viendo a todos llorar y se enojase con quien no lo hiciera. Pero el esta en el Infierno eso yo lo se, eso lo sabemos todos, aunque ahí que disimular para que el cadáver no se enoje.
Todos llegaron en sus carrozas a la casa, el granero esta a tope de caballos, -todos grises y cafés-, aquí no hay mas colores que esos. Yo ya tengo una imagen muy distinta de todo esto, hace años que salí de aquí y se ve tan idéntico a aquellos tiempos que prefiero imaginarme otra cosa. Aquí no ha pasado el tiempo.
La abuela aun llora, mi madre aun llora, mis tías también. El pueblo disimula, pero también llora. El cadáver sonríe, esta tan feliz de dejar este pueblo que lo último que les regaló para que lo odiaran mas, fue una sonrisa de burla que no se les olvidara ya nunca.
Ahora estoy ya casi igual de viejo que él, tengo a mis hijos y les digo que el abuelo Johnson duerme, me gusta mentirles cuando hablo del viejo. Los distraigo diciéndoles que les pongan nombre a los caballos del granero, son tan secos y lentos mis hijos que solo se les ocurre ponerle Puppy a cualquier caballo que señalan,si por ellos fuera todo se llamaría Puppy, si Johnson si los viera de seguro me daría un buen golpe con el sombrero, el detestaba a la gente sin personalidad y mis hijos son un claro ejemplo de lo que eso significa. Por eso el abuelo Jhonson siempre me decia:
Primero ten algunos hijos y ya despues ve si quieres ser su padre
domingo, 25 de abril de 2010
UNA FIESTA CON SONAJAS.
Había un niño pequeño que vivía en una cabeza grande, todos los días se despertaba temprano para alcanzar calcetines, ya que vivía en un vecindario muy pobre. Este vecindario era enorme y en realidad era el único que existía, era tan grande como el tamaño que alcanzarían “muchas” cabezas juntas. Por su parte los calcetines siempre fueron un tesoro de valor invaluable para todas las cabezas grandes, los calcetines les sirven para todo, desde tejer mascaras pasando por comprar la felicidad y hasta para perdonar las almas.
Todos los días en esta gran metrópoli repugnante y con olor a gloria son iguales, día a día todos los monstrums hacen largas colas para llegar al único abastecimiento de calcetines de todo el vecindario; en esta cola nunca faltan los que hacen trampas para llegar primero ni los que casan peregrinos y mucho menos a los que no les importa por que están aquí, también hay una porción de los que ni saben para que están haciendo fila, o los que estan haciendo cola para alguien mas.
Pero por el momento volvamos al niño del principio, que todas las mañanas se despertaba temprano para alcanzar calcetines y que día con día nunca los conseguía; este huëy al volver a su casa a diario, con una sonrisa lúdica al igual que una funesta alegría, siempre repetía estas palabras “Este fue un buen día”…
Al anochecer nuestro pequeño personaje acostumbraba pasar las noches con su único amigo en todo el vecindario, su amigo era una mosca que vivía en una cabeza pequeña y que noche con noche revoloteaba alrededor de su cabeza fastidiando y dando alegría lúdica a nuestro pequeño personaje.
Cierto día cuando nuestro pequeño infante hacía cola en la: lamentable, detestable, asquerosa, horrorosa, otra vez lamentable, ahuevante, fastidiosa, pendeja, innecesaria, hermosa e infinita fila; se encontró con la mosca, fue increíble ver a un monstrum fuera de la cola y más increíble aún, fue verlo construyendo un rompecabezas para al terminar, romperlo de manera diferente. ¡Y aun mas increíble fue que no era el único monstrum ahí. ¡Alegría funesta hubo ese día en el pequeño funeral de un niño pequeño!
Nuestro “enfant terrible” cambió una fila por una cola, después una cola por una fila, pero nunca se perdió en esta lamentable, detestable, asquerosa, horrorosa, otra vez lamentable, ahuevante, fastidiosa, pendeja, innecesaria, hermosa e infinita fila. Hasta que…
Volví a prender el encendedor, todo se desvaneció. De aquel mundo solo quedaban dos vestigios: el primero era un altavoz y el segundo era un juguete…
Cuando me levanté a prender la luz me di cuenta de que me faltaba un calcetín y la verdad no se que pasó: si había matado a la mosca con el calcetín o si la mosca había roto el calcetín y ahora se encontraba haciendo una bufanda. Pero mi mayor sorpresa fue darme cuenta que se me volvieron a caer las manos en el teclado.
“Héctor Malo”.
Había un niño pequeño que vivía en una cabeza grande, todos los días se despertaba temprano para alcanzar calcetines, ya que vivía en un vecindario muy pobre. Este vecindario era enorme y en realidad era el único que existía, era tan grande como el tamaño que alcanzarían “muchas” cabezas juntas. Por su parte los calcetines siempre fueron un tesoro de valor invaluable para todas las cabezas grandes, los calcetines les sirven para todo, desde tejer mascaras pasando por comprar la felicidad y hasta para perdonar las almas.
Todos los días en esta gran metrópoli repugnante y con olor a gloria son iguales, día a día todos los monstrums hacen largas colas para llegar al único abastecimiento de calcetines de todo el vecindario; en esta cola nunca faltan los que hacen trampas para llegar primero ni los que casan peregrinos y mucho menos a los que no les importa por que están aquí, también hay una porción de los que ni saben para que están haciendo fila, o los que estan haciendo cola para alguien mas.
Pero por el momento volvamos al niño del principio, que todas las mañanas se despertaba temprano para alcanzar calcetines y que día con día nunca los conseguía; este huëy al volver a su casa a diario, con una sonrisa lúdica al igual que una funesta alegría, siempre repetía estas palabras “Este fue un buen día”…
Al anochecer nuestro pequeño personaje acostumbraba pasar las noches con su único amigo en todo el vecindario, su amigo era una mosca que vivía en una cabeza pequeña y que noche con noche revoloteaba alrededor de su cabeza fastidiando y dando alegría lúdica a nuestro pequeño personaje.
Cierto día cuando nuestro pequeño infante hacía cola en la: lamentable, detestable, asquerosa, horrorosa, otra vez lamentable, ahuevante, fastidiosa, pendeja, innecesaria, hermosa e infinita fila; se encontró con la mosca, fue increíble ver a un monstrum fuera de la cola y más increíble aún, fue verlo construyendo un rompecabezas para al terminar, romperlo de manera diferente. ¡Y aun mas increíble fue que no era el único monstrum ahí. ¡Alegría funesta hubo ese día en el pequeño funeral de un niño pequeño!
Nuestro “enfant terrible” cambió una fila por una cola, después una cola por una fila, pero nunca se perdió en esta lamentable, detestable, asquerosa, horrorosa, otra vez lamentable, ahuevante, fastidiosa, pendeja, innecesaria, hermosa e infinita fila. Hasta que…
Volví a prender el encendedor, todo se desvaneció. De aquel mundo solo quedaban dos vestigios: el primero era un altavoz y el segundo era un juguete…
Cuando me levanté a prender la luz me di cuenta de que me faltaba un calcetín y la verdad no se que pasó: si había matado a la mosca con el calcetín o si la mosca había roto el calcetín y ahora se encontraba haciendo una bufanda. Pero mi mayor sorpresa fue darme cuenta que se me volvieron a caer las manos en el teclado.
“Héctor Malo”.
viernes, 22 de enero de 2010
Memo el Indomable
Hijo ven, acércate, Memo hijo, sabemos que acabas de entrar al Jardín de Niños y es por eso que queremos hablar contigo. Han pasado ya 6 meses desde que estas en esa escuela y nos has defraudado por completo, te hemos perdido. Hoy llegó el reporte de tu maestra donde nos dice tu escasa habilidad para dibujar círculos redondos y tu incapacidad para pronunciar las vocales.
Sabemos que tienes 4 años y que quizá eres un poco tonto pero ¡Por favor hijo! Nadie dibuja a Winnie Pooh de color verde, eso hijo mío, es un pecado.
-¡No te metas con Winnie Pooh hijo de puta!-.
-Hijo ¿Pero que estas diciendo?-.
-Ya me escuchaste animal, ¡A Winnie no lo metas en esto!-.
-Pero hijo por Dios, Diosito te va a castigar por decir groserías-.
-¡Que se vaya al carajo el anciano, además estoy harto, me voy de la casa opresores infantiles!-.
-¿Que? ¿Como es posible? ¡Amor regáñalo!-.
-Vete a la mierda calvo impotente, el perro me entiende más que ustedes. Estoy ahora en una etapa de mi vida en la cual ustedes salen sobrando, ya no los necesito ancianos, aprendan a vivir sin depender de mí-.
-¡Hijo! ¿De verdad eres tú? ¿Que te ha pasado? Por Dios ¿A que Kinder te hemos metido?, Esto es culpa de tu madre lo se, ella y sus psicologías infantiles, maldita Montessori-.
-Esto es un asunto de toda mi vida anciano, ya no puedo soportar años y años en silencio. He intentado todo, he dejado de gatear, me he sentado tranquilo a tragar las asquerosas comidas de tu esposa y negado que el vomito fluya, pero esto, calvo amanerado es demasiado, te metiste con el símbolo de mi inocencia-.
-Memo ¡hijo! Te iras al infierno, ¿No escuchaste al padre el Domingo?-.
-El infierno es escuchar cada noche tus cuentos infantiles, mal narrados y con finales sin sentido, créeme que eso me quema las entrañas, prefiero vivir la obra de Dante a tener que escuchar tus pseudo historias de astronautas y dinosaurios. Así que esta decidido, me largo de aquí, espero no sufran sin mi, ya se recuperaran con el tiempo-.
-¡Hiciste llorar a tu madre! Pequeño bastardo insolente, mal hijo, estas castigado sube a tu cuarto y piensa en lo que hiciste-.
-¿No me escuchaste insecto? No viviré mas días aquí, ¡ME VOY DE LA CASA!, de verdad que están sordos. Me largo y me llevo al perro, no quiero que sufra con los llantos de tu esposa-.
-¿Pero hijo, sabes lo que estas haciendo?-. -¿A donde iras, estas loco?-. Necesitas de nosotros-.
-Después de tantos años y aun no conoces a tu hijo, que vergüenza, ya lo solucione todo anciano, en la escuela conocí una señorita, es la hija del Director, dice que esta esperando un hijo mío y que tan pronto nazca y nos casemos, la Subdirección será toda mía. Esto me hace llegar a ser mas en la vida que tu y tu patético trabajo de Cartero-.
-¿Que estupideces estas diciendo Memo? ¡Todo eso es imposible! Te recuerdo que eres idiota de nacimiento y con esto lo confirmas-.
-¿De donde lo habré sacado? El hecho de que un Doctor diga tal cosa no quiere decir nada anciano, puedo ser idiota pero eso no me quita lo humano y por lo tanto me voy a vivir la vida que me corresponde, lejos de ti y tu esposa y de ese hermano tuyo afeminado que viene los sábados a masajear a mi perro-.
-¡Hijo! Acabas de denigrar la especie. Espero que en tu viaje te vaya mal y regreses patético y llorando a los brazos de tu madre. No tendras nigun futuro.
-Antes de irme les diré algo, en especial a ti anciano, dices que no tengo futuro pero no te das cuenta de que me has dado una mierda de presente-.
Memo salio con su mochila de Winnie Pooh llena de juguetes y galletas, con su perro detrás de él y con la firmeza y elegancia que nunca tuvo su padre.
-Amor. ¿Sabes algo? Creo que nuestro hijo no es un idiota después de todo, creo que es todo un hombre. Todo un hombre. Como su padre.
Saavedra.
Sabemos que tienes 4 años y que quizá eres un poco tonto pero ¡Por favor hijo! Nadie dibuja a Winnie Pooh de color verde, eso hijo mío, es un pecado.
-¡No te metas con Winnie Pooh hijo de puta!-.
-Hijo ¿Pero que estas diciendo?-.
-Ya me escuchaste animal, ¡A Winnie no lo metas en esto!-.
-Pero hijo por Dios, Diosito te va a castigar por decir groserías-.
-¡Que se vaya al carajo el anciano, además estoy harto, me voy de la casa opresores infantiles!-.
-¿Que? ¿Como es posible? ¡Amor regáñalo!-.
-Vete a la mierda calvo impotente, el perro me entiende más que ustedes. Estoy ahora en una etapa de mi vida en la cual ustedes salen sobrando, ya no los necesito ancianos, aprendan a vivir sin depender de mí-.
-¡Hijo! ¿De verdad eres tú? ¿Que te ha pasado? Por Dios ¿A que Kinder te hemos metido?, Esto es culpa de tu madre lo se, ella y sus psicologías infantiles, maldita Montessori-.
-Esto es un asunto de toda mi vida anciano, ya no puedo soportar años y años en silencio. He intentado todo, he dejado de gatear, me he sentado tranquilo a tragar las asquerosas comidas de tu esposa y negado que el vomito fluya, pero esto, calvo amanerado es demasiado, te metiste con el símbolo de mi inocencia-.
-Memo ¡hijo! Te iras al infierno, ¿No escuchaste al padre el Domingo?-.
-El infierno es escuchar cada noche tus cuentos infantiles, mal narrados y con finales sin sentido, créeme que eso me quema las entrañas, prefiero vivir la obra de Dante a tener que escuchar tus pseudo historias de astronautas y dinosaurios. Así que esta decidido, me largo de aquí, espero no sufran sin mi, ya se recuperaran con el tiempo-.
-¡Hiciste llorar a tu madre! Pequeño bastardo insolente, mal hijo, estas castigado sube a tu cuarto y piensa en lo que hiciste-.
-¿No me escuchaste insecto? No viviré mas días aquí, ¡ME VOY DE LA CASA!, de verdad que están sordos. Me largo y me llevo al perro, no quiero que sufra con los llantos de tu esposa-.
-¿Pero hijo, sabes lo que estas haciendo?-. -¿A donde iras, estas loco?-. Necesitas de nosotros-.
-Después de tantos años y aun no conoces a tu hijo, que vergüenza, ya lo solucione todo anciano, en la escuela conocí una señorita, es la hija del Director, dice que esta esperando un hijo mío y que tan pronto nazca y nos casemos, la Subdirección será toda mía. Esto me hace llegar a ser mas en la vida que tu y tu patético trabajo de Cartero-.
-¿Que estupideces estas diciendo Memo? ¡Todo eso es imposible! Te recuerdo que eres idiota de nacimiento y con esto lo confirmas-.
-¿De donde lo habré sacado? El hecho de que un Doctor diga tal cosa no quiere decir nada anciano, puedo ser idiota pero eso no me quita lo humano y por lo tanto me voy a vivir la vida que me corresponde, lejos de ti y tu esposa y de ese hermano tuyo afeminado que viene los sábados a masajear a mi perro-.
-¡Hijo! Acabas de denigrar la especie. Espero que en tu viaje te vaya mal y regreses patético y llorando a los brazos de tu madre. No tendras nigun futuro.
-Antes de irme les diré algo, en especial a ti anciano, dices que no tengo futuro pero no te das cuenta de que me has dado una mierda de presente-.
Memo salio con su mochila de Winnie Pooh llena de juguetes y galletas, con su perro detrás de él y con la firmeza y elegancia que nunca tuvo su padre.
-Amor. ¿Sabes algo? Creo que nuestro hijo no es un idiota después de todo, creo que es todo un hombre. Todo un hombre. Como su padre.
Saavedra.
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