martes, 14 de julio de 2009

Cerveza

Parte I

Creanme, siendo yo su narrador, un mexicano con 20 años de edad y con amplia libertad, puedo decirles que me he hecho experto en la Cerveza, la principal droga mexicana. Conozco a las demas drogas, pero creanme, ninguna competira en ventas a nuestra amada chela.

Si digo que la conozco y soy experto, es por que la he ingerido desde mi preadolescencia. Nunca falto en mi colegio algun amigo que llevaba una lata tibia o "quemada" como se le dice, lo mas seguro es que sobrara de alguna fiesta familiar y siempre la abriamos con el mayor cuidado posible, procurando que nadie escuchara el famoso sonido que emite al abrirse. Eramos un poco tontos y descuidados, pero a los 11 años abrir una cerveza en el baño de un colegio catolico, resultaba tan complicado y emocionante como si se tratara de apretar el gatillo que apuntaba a la nuca de alguien.

Cuando la abriamos sabia asquerosamente horrible, puedo asegurar que esas latas llevaban semanas o meses olvidadas debajo de algun sillon o alguna cama, esperando ellas mismas ser vertidas en el piso antes que en alguna garganta mexicana.
Aun asi las tomabamos y recuerdo que eramos unos 5 amigos y cada uno daba un sorbo y automaticamente ponia una cara de idiota que jamas olvido. Se nos arrugaba la nariz como si tuvieramos excremento en cada poro nasal, se nos llenaba de lagrimas cada ojo, y recuerdo que un amigo la escupio de frente a la cara de otro, era divertidisimo, te hacia sentir extremadamente rudo e ilegal, quiza en la cabeza de mis compañeros se cruzo la idea de que en cualquier momento llegaria un escuadron militar, el SWAT, y todos nos apuntarian con sus rifles a la sien, ordenando dejar esa sustancia blasfema.
despues de unas 4 sorbos por integrante, decidimos guardarla para despues, ¡si!, ibamos a seguir tomando esa porqueria enlatada, o al menos esa era la idea. La verdad nadie queria volver a tomar ni una gota de esa cosa que asemejaba mas a orina que a un elixir mexicano.

Cuando salimos de ese baño nos pego el Sol de frente, nos sudo la nuca y automaticamente nos sentimos ebrios, muy ebrios, similar a tomarse unos 6 litros de barril en estos dias. Eramos los pequeños dioses de esa escuela. Subimos las escaleras que llevaban a nuestro salon y al entrar, la maestra vio en nosotros una actitud amenazadora, nos dijo que porque habiamos tardado tanto en la direccion.

Olvide decirlo pero ya era un habito que a mi y a mmis compañeros nos llamaran a la direccion, aveces por orinar en el baño de niñas, aveces por patear en la entrepierna a nuestro querido enemigo Charco, un niño que vivio atormentado por nosotros duranto los 3 años que compartimos salon de clases. El suceso de la patada fue obra mia, no recuerdo porque lo hize, pero despues de eso mi popularidad crecio bastante, aunque recuerdo que senti culpa por aquello, era la primera vez que sentia eso que llaman arrepentimiento y quiza la unica vez que lo he sentido. Incluso me iban a correr de la escuela, lo que me daria la maxima condecoracion de popularidad entre mis compañeros, pero mi excelente promedio y unos moretones que tenia en mi brazo me hicieron permanecer en la escuela.

De vuelta en el salon la maestra nos hizo ir a su escritorio y dijo que por que teniamos esa actitud tan extraña y esa risa tan idiota, no basto estar a 5 pasos de ella para que se diera cuenta de un leve olor a alcohol, la muy alcoholica se sabia ese olor a distancia, vivio con el toda su adolescencia como toda mexicana de su decada, incluso puedo profetizar que su esposo pudo llegar ebrio la noche antes a este encuentro.
Cuanto la palabra alcohol fue mencionada en voz alta por los labios olmecas de mi profesora, todos los demas del salon voltearon asombrados, includo las niñas que nos gustaban, ellas mostraban mas asombro aun y sus ojos brillaron durante toda la regañada posterior.
Nosotros al creernos completamente ebrios, empezamos a reirnos a carcajada, como si lo que hubieramos ingerido fuera marihuana y no alcohol barato.
Fuimos trasladados a jalones a la ya conocida Direccion, que olia y afirmaba la precencia de una anciana entre sus paredes, ante nosotros, furiosa, la Directora.

Fin. Parte I

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